viernes, 3 de agosto de 2012

La importancia de meditar bien las noticias


La teoría de la inversión eficiente dice que la valoración de los activos financieros es correcta porque se conoce toda la información y se descuenta. Evidentemente todos los días y más ahora, estamos sujetos a cantidad de noticias, tanto políticas, como macroeconómicas, como corporativas que van a incidir en la valoración de nuestros activos y en las decisiones que los inversores van a tomar.

Sin embargo no siempre estas decisiones se toman racionalmente, porque en determinados momentos podemos estar influidos por el miedo o simplemente nos dejamos llevar por la tendencia de la mayoría. En esas circunstancias  el mercado no resulta eficiente y  las decisiones que tomamos pueden resultar contraproducentes.

Podemos tener multitud de ejemplos por lo que citaremos algunos que están de actualidad.  Un caso muy habitual es la evolución de la prima de riesgo. Vemos que cuando ésta aumenta en España de una manera significativa, inmediatamente el Ibex 35 sufre caídas de por lo menos un punto porcentual, mientras que si la prima se reduce, el selectivo puede dispararse. Estas decisiones pueden estar influidas por la psicología, que relacionan que una mala o buena noticia para un país se tiene que traducir automáticamente en la evolución del principal índice del país. En este caso el mercado no discrimina por compañías, que son las que efectivamente hay que evaluar, produciéndose oportunidades para comprar barato o para vender en plena subida.

En ocasiones se produce una noticia importante con el mercado ya cerrado, por lo que los inversores desde que tienen conocimiento de ella dan las órdenes pertinentes a sus intermediarios financieros, que fundamentalmente suelen ser vender (o comprar) la posición a la apertura sin fijar precio alguno, porque lo importante es salir (ya que las cosas se van a poner mal) o entrar (porque “esto va a pegar una subida importante”) sin importar a que niveles se cierren las operaciones.

Ante situaciones como estas, lo que conviene es reflexionar sobre qué es lo que se va a hacer ante la aparición de novedades. Las situaciones de pánico, en la que la gente parece empeñada en vender aquello que más ha caído y en donde más pérdidas acumulan no suelen ser las más adecuadas. Por lo menos hay que evaluar cual consideramos que es la valoración que debería tener nuestras acciones, bonos o fondos de inversión y ver en qué medida puede afectarles una elevación de la prima de riesgo, la entrada del país en recesión, la eliminación del dividendo o una revisión de los beneficios estimados de la compañía por la propia gerencia de la empresa. En muchas ocasiones la influencia no es muy significativa y no se justifica una compra o una venta solo por la nueva información, sino que a medio plazo la valoración apenas varía. En otros casos sí que puede ser importante, pero eso no significa que haya que proceder a comprar o vender a cualquier precio. Perfectamente puede ocurrir que a la apertura se forme un precio excesivo debido a la entrada de órdenes masivas, y que a lo largo de la sesión o en jornadas sucesivas la cotización se suavice y se acerque a uno más lógico.

Como conclusión, conviene tener claro cómo actuar con nuestras inversiones. Saber qué rentabilidad se pretende obtener y si es factible conseguirlo con las condiciones actuales de mercado y macroeconómicas. Y sobre todo mantener la cabeza fría, porque en los tiempos en que estamos viviendo, lo que hoy es negro y nos impulsa a vender porque los mercados caen a plomo, mañana puede ser blanco y subir en la misma proporción. Si no se está seguro de poder hacer todo esto por uno mismo, consulte con un asesor financiero independiente.

Entrevista Pablo Gaya _ Situacion en el Extranjero


martes, 24 de julio de 2012

Los activos seguros, una burbuja que algún día estallara.


La crisis de deuda que está viviendo la zona ya se ha llevado por delante en forma de quita a Grecia y en forma de rescate a Irlanda y Portugal. Ahora son Italia y especialmente España las que podrían seguir el camino de las anteriores. Todo ello ha tenido como consecuencia que los tipos de interés de la deuda pública de los países con problemas se hayan disparado por la presión que ponían los inversores a la hora de prestar dinero a estos países por el miedo a que dichos importes no fueran devueltos en todo o en parte.
Sin embargo la moneda tiene un reverso. Los inversores con mayor aversión al riesgo han optado por vender la totalidad de sus posiciones en este tipo de activos para dirigirse a productos de mayor seguridad. Esta “huida hacia la calidad”, no ha sido únicamente de inversores individuales, sino que muchos institucionales se han visto obligados por sus reglamentos de inversión a abandonar activos que han perdido su condición de máxima seguridad (AAA en la calificación crediticia de las agencias de rating) y cambiarlos por los de los países que todavía mantienen la mejor calificación.

El efecto ha sido que una serie de países que tienen unas finanzas más saneadas han visto como la continúa entrada de nuevo dinero ha llevado la rentabilidad de sus bonos (por ejemplo la de la referencia a diez años) a mínimos históricos, o que incluso se estén financiando en las subastas de deuda a tipos negativos.



Rentabilidad del bono alemán a diez años.

Lo que sí que parece claro es que se ha generado una burbuja especulativa que no tiene sentido financiero.

Tipos a diez años al 1,60% en Holanda, al 1,41% en Finlandia, al 1,20% en Suecia, al 1,18% en Alemania, o al 0,5% en Suiza cuando históricamente se han situado en el entorno del 3% o por encima, no son sostenibles. Alguien presta su dinero para obtener un beneficio económico por ello. Si lo hace únicamente para que se lo devuelvan o incluso paga por prestarlo (como ocurre ahora mismo en Suiza y Alemania en plazos inferiores a dos años) por mucho miedo que tenga a la situación actual, no está bien asesorado.

Por un lado existen muchísimas emisiones de renta fija con el máximo grado de inversión con una rentabilidad muy superior. También existen otras emisiones, de menor calificación, pero sin mucho riesgo que podrían ser buenas oportunidades de inversión (no olvidemos que las suspensiones de pagos, tanto de países como de corporaciones son irrelevantes si las comparamos con las que pagan religiosamente). Por último, como decíamos, nos encontramos ante una burbuja. Cuando la situación económica y financiera se tranquilice, o haya una intervención coordinada de gobiernos y bancos centrales, nos vamos a encontrar que la deuda pública de estos países va a valer mucho menos de lo que vale ahora, con lo que apostar por la seguridad puede llevar aparejado unas minusvalías importantes si no se espera a vencimiento y se trata de cambiar la deuda pública de países seguros por otros activos más rentables.