martes, 17 de julio de 2012

Entrevista de Pablo Gaya 17 de Julio del 2012


Hay quien puede recuperar el dinero de sus preferentes


Recientemente han salido sendas sentencias en las que se obliga a Bankia y a Novagalicia Banco a indemnizar a dos clientes por la pérdida ocasionadas al invertir en obligaciones preferentes de Caixa Layetana y Caixa Galicia respectivamente en 2008, ante las demandas interpuestas por no haber explicado convenientemente la naturaleza y características del producto que iban a comprar, ya que de haberlo sabido nunca hubieran invertido en ellas.

Estas sentencias, y es previsible que otras que puedan salir en el futuro, abren la puerta a que afectados por la pérdida de valor en inversiones en preferentes puedan resarcirse en todo o en parte de sus pérdidas. Sin embargo no todo resulta tan sencillo. En primer lugar, hay que acudir a juicio, y no todos los afectados tienen un conocimiento suficiente de la situación procesal española para saber como y ante quien tiene que interponer la demanda, que recursos se pueden interponer, que gastos conllevan y quien tiene que hacerse cargo de las costas del juicio. Hay que analizarlo todo con mucho detalle, porque podría ocurrir que la indemnización líquida a percibir, sobre todo si fuese en segunda instancia, una vez descontados los costes de representación jurídica y judiciales, no compensase meterse en pleitos.

Tampoco conviene perder de vista que a pesar de que hasta el momento han salido sentencias favorables, se coge cada caso individualmente, porque hay que probar que el banco vendió el producto a sabiendas de que no era adecuado para el cliente por su perfil inversor. Es sobre el demandante sobre el que pesa la carga de la prueba, y no siempre va a ser fácil conseguirlo, entre otras cosas porque tiene un contrato firmado con la entidad en el que dice que entiende y acepta invertir en dicho producto.

Independientemente de la resolución judicial que finalmente suceda, el caso de las preferentes ha supuesto la ruptura de la relación de confianza que históricamente mantenían los inversores españoles con su entidad financiera. Una confianza en muchos casos de “toda la vida” en la que los clientes siempre han considerado que el banco era un amigo que estaba allí para satisfacer de la mejor manera posible sus necesidades de inversión, y no un vendedor de productos que tiene unos objetivos comerciales que lograr, sin que para ello importe si estos son adecuados para el cliente. También se ha puesto de manifiesto que en España ha fracasado estrepitosamente el organismo supervisor correspondiente y que en el sector bancario la adaptación de la directiva MIFID sobre inversión en productos financieros deja mucho que desear.

La conclusión que hay que sacar de este desagradable episodio es que no siempre nos vamos a poder fiar de las recomendaciones de inversión que nos haga nuestro banco, más preocupado de conseguir los objetivos de venta del producto financiero del momento que de atender las necesidades reales del inversor. Sería conveniente que todo el que pudiese, acudiese a un asesor financiero independiente que le diese una segunda opinión, atendiendo principalmente a la edad, conocimientos financieros y perfil inversor del cliente, antes que a cualquier otro criterio de seguridad o rentabilidad.

jueves, 12 de julio de 2012

Resultados empresariales, lo que realmente importa.


Esta semana da comienzo la temporada de presentación de resultados corporativos para el segundo semestre del año, que como es tradicional, inaugura la acerera Alcoa en Estados Unidos y Banesto en España. En estos tiempos tan convulsos que estamos viviendo para los mercados financieros, en los que prácticamente todos los días los telediarios abren con la evolución de la prima de riesgo y la subida o desplome de los índices bursátiles, conviene que echemos un vistazo al principal indicador que nos puede adelantar como debe evolucionar la rentabilidad de nuestras inversiones: los resultados empresariales.

Efectivamente, cuatro veces al año las compañías cotizadas están obligadas a hacer públicas ante el organismo correspondiente (en España es la CNMV) la evolución de sus cuentas, en un periodo que no puede exceder de los dos meses y medio desde el cierre del trimestre. El objetivo es que el inversor pueda evaluar regularmente como está siendo la marcha de la compañía  y que previsiones manejan los gestores de la misma para el futuro más inmediato.

Hay una serie de indicadores muy seguidos para poder evaluar la buena o mala salud de una empresa, como son el beneficio neto, las ventas totales, el margen bruto, el EBITDA (beneficio antes de amortizaciones, intereses e impuestos)… aunque también interesa la comparativa con lo acontecido un año antes o en el trimestre anterior. De esta forma se consigue “desestacionar” los resultados, ya que hay compañías muy cíclicas, que en determinados periodos del año dan siempre pérdidas, mientras que los beneficios se centran en unos meses determinados. Sin embargo lo más jugoso es la “conference call” o teleconferencia en la que los principales directivos de la compañía, además de presentar a grandes rasgos los resultados corporativos, responden a las preguntas que analistas financieros o periodistas económicos les puedan plantear.

A la hora de tomar nuestras decisiones de inversión no está de más que nos olvidemos del ruido de fondo macroeconómico que últimamente está acaparando toda la información y bajemos al detalle de compañías en concreto. Las buenas oportunidades se suelen encontrar cuando se producen bajadas generalizadas en las cotizaciones o subidas en los tipos en renta fija de compañías por estar encuadradas en un índice bursátil, un área geográfica o un sector determinado. Lo recomendable es buscar compañías sólidas, que generen mucho flujo de caja libre, que sean líderes en su sector y que tengan un endeudamiento controlado.

La época de presentación de resultados es el momento adecuado para variar la composición de nuestra cartera porque nos va a permitir confirmar que hemos acertado en la elección de las acciones o ver en donde no se confirman nuestras expectativas y cuales son las nuevas oportunidades de inversión. No olvidemos que siempre se invierte en compañías (aunque lo hagamos a través de índices) y los resultados de estas son lo que más va a influir en su correcta valoración, por encima de coyunturas económicas o tendencias de mercado.

Por último, decir que la presentación de resultados es el talón de Aquiles del análisis técnico frente al análisis fundamental. Cualquier recomendación basada en el primero puede saltar por los aires en cuestión de segundos si las cuentas de una compañía sorprenden en gran medida de manera positiva o negativa  a las previsiones de los analistas. No olvidemos que lo que finalmente hacemos cuando se valora una compañía es actualizar a precios de hoy los resultados futuros de la empresa.

miércoles, 11 de julio de 2012

Vivimos una crisis de deuda


Sin duda estamos asistiendo a la crisis más importante que golpea a Europa y a Estados Unidos desde la Gran Depresión del 29. Cuando empezó hace ya algunos años los políticos presintieron la gravedad y actuaron tirando de manual y aplicando en esta ocasión políticas keynesianas, que fueron las que se utilizaron en aquella ocasión para tratar de estimular la economía. Pero esta crisis no está siendo diferente de otras en su origen y su evolución y si se está enquistando es por la existencia de una entidad jurídica, la Unión Europea, y una moneda, el euro, que restringe las posibilidades de política económica y la soberanía de los países europeos a la hora de llevarlas a cabo.

Como decíamos, la génesis de la crisis ha sido la habitual: Se crea una burbuja, que en un momento determinado explota, afectando a determinadas inversiones que no han sido correctas y que pueden depurarse. Esto se va a traducir en que el sector financiero puede tener mayores dificultades porque muchos de los créditos que habían inflado la burbuja resultarán impagados. También repercutirá en el sector público vía menores ingresos y mayores gastos sociales, aumentando el déficit público si no se toman medidas al respecto.

En esta ocasión el origen ha estado en las ya famosas hipotecas “subprime” que en Estados Unidos comenzaron a concederse por una iniciativa legislativa. Gracias a eso (y al dinero barato que propiciaba la FED vía tipos de interés) se incrementó en gran medida el precio de las casas. Los bancos norteamericanos eran conscientes del riesgo que corrían, por ello decidieron vender en el mercado de la inversión sus malas hipotecas juntándolas con otras de primer nivel. Para hacerlo más atractivo consiguieron que las agencias de rating otorgasen a estos productos financieros su máxima calificación crediticia. De esta forma consiguieron venderlas por todo el mundo. Cuando la burbuja estalló y muchos propietarios no pudieron hacer frente a sus hipotecas, el castillo de naipes se derrumbó y muchas entidades financieras se encontraron con lo que eufemísticamente se llamó “activos tóxicos”; esto es, activos comprados a un precio muy inflado que a precios de mercado actual representaban una pérdida muy importante. En Estados Unidos más de una veintena de bancos, con Lehman Brothers a la cabeza, quebraron, otros fueron intervenidos por el Gobierno y para otros se facilitó que bancos sanos se hicieran cargo de ellos. En Europa los gobiernos optaron por ayudar directamente a los bancos en problemas.

Sin embargo no fue esta la única decisión que llevaron a cabo los políticos. Éstos, ante el miedo que cundía en la población, que veían como se desplomaban los mercados financieros y comenzaban a salir los primeros datos macroeconómicos que hablaban de recesión y ante una ciudadanía que veía que no había nadie que tomase las riendas, decidieron adoptar políticas de estímulo de la demanda vía gasto público. En Estados Unidos, con una economía más grande y con el dólar pudiendo depreciarse han conseguido evitar una larga recesión.

En Europa las circunstancias han sido distintas y los Gobiernos no han empezado a tomar decisiones acertadas hasta que la realidad del mercado les ha obligado. El aumento del gasto público y del déficit público en una situación de bajo crecimiento o incluso  de recesión aumenta el riesgo de impago de la deuda, lo que se traduce en el aumento del tipo de interés al que hay que pagar los intereses, y si la situación no se encauza puede terminar en una suspensión de pagos. En los países de la zona euro el entramado institucional y la imposibilidad de depreciar la moneda ha propiciado que los problemas de un país o de sus bancos sean los de todos, ya que los bancos son impelidos por los estados a comprar deuda pública y una quita o una suspensión de pagos de un país miembro afectaría a los bancos de otros, que podrían necesitar la intervención de sus respectivos gobiernos para que no quebrasen, y esa intervención podría llevar a que dicho país necesitase ser rescatado.

Como vemos, pues, se trata de una crisis de deuda y la solución tiene que ser ortodoxa: reducir el déficit público para que resulte más barata la financiación de cada país, y dentro de cada uno la de las empresas, que a fin de cuentas son las que generan innovación, puestos de trabajo y riqueza para las naciones. No se puede combatir una crisis de deuda generando más deuda. También hay otra solución que puede ayudar a mejorar la situación, y es el saneamiento del sistema financiero. En ninguna constitución de ningún país europeo está escrito que un banco no pueda quebrar. Tampoco ningún partido político ha llevado nunca esa propuesta en su programa político. Lo que se debería haber hecho, y quizás todavía se esté a tiempo, es dejar quebrar bancos que no sea viables de forma alguna, y de los que tengan problemas, convertir a los acreedores (bonistas) en accionistas. De esta forma los bancos ampliarían capital para cumplir con sus necesidades de capital, y de otra, las malas inversiones de particulares (los poseedores de deuda de los bancos con problemas) las afrontarían ellos solos, y no entre todos los nacionales de un país. Esta medida disminuiría la deuda pública en circulación de un país, facilitaría la financiación y aumentaría la credibilidad del país.

martes, 3 de julio de 2012

¿Está garantizado mi garantizado?


Los fondos garantizados son ahora mismo la principal apuesta de los partícipes dentro de la inversión colectiva, representando en la actualidad más del 40% de patrimonio total de los fondos de inversión españoles. Como su propio nombre indica, existe una garantía externa que asegura a los inversores que se mantengan en ellos dentro del periodo de extensión de la garantía, una rentabilidad determinada o por lo menos asegurarse no perder la inversión inicial. Sin embargo con lo que está ocurriendo en España, y en especial dentro del sector bancario, es normal que haya partícipes que tengan dudas sobre lo que le pueda ocurrir a su inversión.

Lo primero que tenemos que mirar es si históricamente ha sido necesario ejecutar la garantía. La respuesta es que sí, pero que apenas es en un número significativo. En los últimos años apenas ha habido una decena de fondos en los que la gestora ha tenido que aportar dinero para cubrir la rentabilidad que se ofertaba. Las gestoras planifican muy bien estos productos (para su interés, por su puesto) y raro es el caso en el que no consiguen la rentabilidad prometida.

Pero la inquietud de los cerca de dos millones de partícipes, viene sobre todo de saber qué es lo que pasa con su garantizado si la entidad bancaria en la que tiene su fondo si esta quiebra. La cosa es muy sencilla. Los fondos de inversión son unos activos financieros que están fuera del balance de los bancos. Esto quiere decir que los fondos en ningún momento ni son del banco ni pertenecen al banco. La entidad bancaria solo es la depositaria, pero las participaciones de fondo son siempre del partícipe. Dicho de otro modo, si yo tengo X participaciones del fondo Y que pertenece a la gestora de fondos del banco A y están depositadas en el banco A, en cualquier momento puedo pedir que se traslade la depositaría a la caja de ahorros B.  En caso de quiebra del banco A, mi inversión seguiría siendo la misma y podría disponer de ella desde la caja B, desde el banco C o desde donde quiera trasladar mi inversión.

En el caso de los garantizados pasa exactamente igual que con el resto de fondos de inversión, pero en caso de quiebra de una entidad bancaria aquí entra en juego el tema de la garantía. Si como suele ser normal, el fondo finaliza su periodo garantizado cumpliendo con la rentabilidad prometida, el partícipe obtendrá la totalidad del dinero que esperaba, pero en caso de que el valor liquidativo no llegase al mínimo pactado, entonces el garante (que siempre es la entidad bancaria propietaria de la gestora) debería pagar al partícipe la diferencia. En caso de quiebra, se iría al concurso de acreedores, y los inversores tendrían muy difícil cobrar esa diferencia, porque habría otros acreedores (bonistas, obligacionistas) con prioridad para cobrar.

Por último hay que tener en cuenta un riesgo que podría afectar a los garantizados, y es que la cartera de bonos sufriese un impago o una quita antes del vencimiento. La mayoría de los garantizados han apostado por deuda española para asegurar la devolución del principal, que hace apenas dos años tenía la máxima calificación crediticia. Pues bien, hoy en día existen dudas de que en los próximos años la deuda española pueda devolver el 100%, y de hecho las agencias de rating han bajado la calificación de la del Reino de España hasta acercarla a la de fuera de grado de inversión. En el caso de que dentro de unos pocos años España tuviese que hacer frente a una quita (como por ejemplo ha pasado en Grecia), la mayoría de los fondos garantizados no podrían cumplir con su objetivo de rentabilidad, y que el partícipe pudiese recibir el dinero esperado dependería de la salud financiera del banco promotor del garantizado.

De todas formas no olvidemos que los fondos garantizados no son el mejor producto para el inversor, mientras que sí que benefician a los bancos. Ellos consiguen mantener cautivos a los inversores con las comisiones de reembolso, mientras que cobran una importante comisión de gestión, por algo que se hizo en el momento del lanzamiento del fondo. Los partícipes pueden obtener mejores rentabilidades mediante una gestión activa consultando con un asesor financiero independiente.

jueves, 28 de junio de 2012

Los planes de pensiones también se resienten con la crisis


Los activos invertidos en planes de pensiones individuales continúan descendiendo. La principal causa una vez más es la pérdida de valor de los activos en los que invierte, que se está resintiendo del mal momento que vive la renta variable, pero en este año 2012 también son significativas las pérdidas en renta fija.

El porqué es la gran exposición de estos productos a la deuda española. Los gestores están acostumbrados a utilizar nuestra deuda pública como un activo seguro en el que refugiarse de las incertidumbres de los mercados y de paso asegurar la posición de cuenta de los partícipes. Sin embargo la crisis de la deuda española les ha pillado con el pie cambiado y apenas se ha reducido la exposición a nuestra deuda tras las continuas rebajas de su rating y la elevación de los tipos, que a diez años ha superado el 7%. Es más, en bastantes ocasiones se ha seguido comprando deuda española. Una de las causas es que la mayoría de las gestoras de planes de pensiones dependen de entidades bancarias, y éstas están aumentando su posición en deuda pública española en los últimos meses, fundamentalmente acudiendo a las nuevas subastas. Los bancos no se quedan con los Bonos y Obligaciones del Estado para ellos solos, sino que tratan de colocarlos entres sus clientes y por supuesto en sus entidades de inversión colectiva (gestoras de fondos de inversión y de planes de pensiones).

Pero también hay otros motivos que han influido en la disminución del patrimonio, como por ejemplo la disminución de aportaciones. Según datos de VDOS, éstas han caído un 9,8% durante el año 2011, y la tendencia continúa. Detrás de esto está principalmente la iliquidez de las aportaciones. Este dinero no se puede tocar hasta la jubilación, salvo caso de fallecimiento, enfermedad grave o paro prolongado, y con la que está cayendo la gente se piensa dos veces inmovilizar sus ahorros sabiendo que en cualquier momento los van a poder necesitar. También la crisis ha hecho mella en muchos inversores que habitualmente destinaban todos los años dinero a su plan de pensiones pero que en la actualidad no son capaces de ahorrar. Por último, el tratamiento fiscal no apuesta por estos productos y no parece que vaya a haber cambios legislativos favorables en este sentido.

Una causa adicional es el aumento de las prestaciones. Por un lado, cada año es mayor el número de partícipes que se jubila y rescata su plan. Estas salidas no son compensadas por nuevas incorporaciones, ya que de una parte, se está notando la distribución poblacional por edades en España, cada vez más lejos de la forma de pirámide, y de otra, con la crisis, muchos posibles inversionistas en planes de pensiones se han retraído y han dejado su entrada en este producto para mejor ocasión. También empiezan a ser significativos los inversores que solicitan el rescate por paro de larga duración.

Por último no conviene olvidar la fata de interés (en general, y principalmente de los grupos bancarios) del sector en satisfacer las necesidades del partícipe, mientras que utilizan estos productos como una forma más de mejorar los márgenes del grupo. Así durante 2011 y a pesar de las pérdidas generalizadas en rentabilidad, las gestoras aumentaron la comisión media del 1,46% al 1,52%. Y en este año los esfuerzos comerciales se están centrando en el lanzamiento de nuevos productos garantizados, unos fondos que no benefician en nada al inversor, pero que sí que son muy rentables para la gestoras, porque por un lado mantienen cautivo al partícipes mientras dura la garantía (evitando que puedan traspasarlo a otro fondo de la competencia) y generan unas importantes comisiones de gestión durante la vida del fondo por no hacer nada, ya que la cartera no varía mientras dura el periodo de garantía.

Si usted está pensando en abrir un plan de pensiones o en traspasar el que ya tiene a otra entidad, antes de tomar una decisión definitiva consulte con un asesor financiero independiente. Él le informará de si el producto elegido coincide con su perfil inversor, si es adecuado para su edad, si la gestión en el pasado ha sido recompensada con una rentabilidad aceptable para el partícipe y si las comisiones que le van a cobrar son adecuadas o por el contrario resultan excesivas.